jueves, 16 de octubre de 2014

Buena historia = Buen final




¿Qué tan importantes son los desenlaces o finales en las producciones audiovisuales? ¿Qué se necesita para lograr un final que haga del producto una obra completa y valiosa? Pues bien, estas y otras interrogantes intentaremos resolver en este artículo, dedicado especialmente a una de las partes que más nos gusta en toda buena historia… Su final.

El final de una historia, especialmente audiovisual, sea de documental o de ficción, es tal vez la parte más importante de la estructura narrativa, pues es el momento culmen, es el desenlace, la resolución de todo lo que hemos visto antes, el momento donde no puede haber más tensión, donde cada cosa que hemos visto cobra su mayor sentido, significado e importancia, donde terminamos de entender por qué murió el protagonista, o por qué sobrevivió, o qué hizo después de, o si salvó a la humanidad, etc.

Existen dos tipos de finales, abiertos y cerrados. Un final abierto, como su nombre lo indica, es aquel que deja posibilidades abiertas a distintos caminos, un ejemplo de final abierto es el de la película “Inception” o, como se tradujo su nombre al español, “El Origen”, de Christopher Nolan, donde (evitaré no dar “spoiler” por si alguien no la ha visto), uno podría sacar dos conclusiones, y las dos podrían ser válidas. Otro ejemplo es el final de la película “El Laberinto del Fauno” de Guillermo del Toro, donde al final, uno podría pensar dos cosas, pero, y aquí viene lo más importante del final abierto, puede quedarse con el final que quiera. Ese es el objetivo del final abierto, generar una especie de duda, de incertidumbre, una suerte de debate entre espectadores, y, si está bien logrado dicho final, le viene muy bien a la historia y termina de aportarle para convertirla en una pieza íntegra, completa y entretenida.

Los finales cerrados son, básicamente, los que sí cuentan el final de la historia, los que no lo dejan a la suerte del público sino que prefieren darle un cierre completo para dar a entender con detalle cómo terminó lo que se estaba contando. Es el tipo de final más común y, casi siempre, el que mejor se ajusta a las historias, pues, si todos fueran finales abiertos, muy probablemente no nos gustarían las historias, no nos gustaría el cine, no nos gustaría leer… ¿Ven cuán importantes son los finales? ¡Son los que nos hacen amar u odiar la historia contada!

Pero… ¿Por qué son tan importantes? Pues, esto sonará un poco extraño, pero será una forma distinta y tal vez interesante de explicarlo… La Termodinámica puede explicarnos esto muy bien: Resulta que una de sus leyes dice que todo lo material tiene un inicio, un génesis. Y otra de sus leyes, la ley de la entropía, dice que todo lo material tiene un final (básicamente). Así que, si llevamos esto al campo de la narrativa, podemos ver que aplica perfectamente… Toda historia debe tener un inicio y un final… ¿Lo ven? ¡Es maravilloso!

Toda historia requiere de un final, por extraño, inusual, común o simple que sea, porque nunca nada queda realmente inconcluso. A veces pensamos de esta forma: “Si Juanito no terminó de comer su desayuno, entonces la historia del desayuno de Juanito no tiene final”. ¡Pues sí lo tiene! Por supuesto que lo tiene, el final de la historia del desayuno de Juanito, es que Juanito no terminó su desayuno y se retiró de la mesa. Toda historia tiene su final, y a veces, el final puede ser que “no hubo un final”, pero porque estamos acostumbrados a las cosas lineales.

Entonces, un repaso rápido… 1). Los finales son la resolución del conflicto. 2). Existen dos tipos de finales: Abiertos y cerrados. 3). Son necesarios para que una historia pueda llamarse “historia”. Pues una historia sin final, es algo que está sucediendo aún.

Bien, ahora que hemos entendido qué tan importantes son los finales (espero), y por qué son así de importantes, es hora de saber cómo lograr buenos finales. Quiero dejar claro que todo lo que leen en este artículo son orientaciones propias, consejos que yo les doy, que pueden seguir o no, pero también debo aclarar que no hablo solo porque me guste el tema, sino porque me he formado sobre el audiovisual y cómo contar historias a través de distintos soportes, aún me estoy formando, así que, no seré el más experto, pero puedo hablar del tema. Ahora sí, continuemos…

Es completamente cierto que existen finales malos… Qué digo malos, ¡malísimos! Pero, ¿por qué? Pues bien, es difícil que por el final se arruine una historia que iba bien, yo más bien diría que el final es una consecuencia, es decir, si la historia va bien, el final será bueno, si la historia va mal, el final será malo.

Estos términos “bueno” y “malo”, hacen referencia a muchas cosas de la historia, por ejemplo, si una historia es inverosímil, es decir, poco convincente, que no es creíble (y no creíble en el sentido de la realidad, una historia de fantasía puede ser perfectamente creíble, pues con esto se hace referencia a la lógica interna del relato), entonces no será una buena historia, así que, por consecuencia, el final será malo también, pues el final no puede arreglar lo que ya está mal desde antes.

Cuando el final intenta darle sentido a todo lo que antes no tenía sentido, se le conoce como un final “efectista”, es decir, un final que busca darle concordancia a una serie de cabos sueltos que no tenían lógica ni explicación por sí mismos. Así que, claro, es un final horrible.

Muchas veces, los directores sin experiencia que nos aventuramos a contar una compleja historia, creemos que será muy interesante que “todo se resuelva al final”. Esto puede terminar de dos maneras, o muy bien, o muy mal. ¿Cómo lograr un final así? Sencillamente (no es tan sencillo) se debe conocer tan bien el relato, que cada pista, cada “cabo suelto”, cada indicio que se deje a lo largo de la historia, tenga sentido, explicación, lógica y orden, para que al final no nos pongamos a inventar y a tratar de unir todo así sea a la fuerza, sino que tengamos muy bien pensado el final, y todo se vaya resolviendo tranquilamente, uniendo armoniosamente, para llegar a un gran final, no que intente darle sentido a todo de un momento a otro, sino más bien, termine de darle sentido a todo de forma coherente, un final que sea la pieza que faltaba en el rompecabezas que ya se había pensado y armado para dicho momento… Ese será entonces un gran y hermoso final. Si no es así, entonces será un terrible final efectista.

Espero estar siendo claro en esta serie de conceptos que a veces se tornan un poco densos y “ladrilludos”, pero que son muy necesarios para comprender los finales y el cómo lograrlos adecuadamente. Así que, después de este pequeño respiro… ¡Tomemos un último impulso y...!

¿Cuál es la gran clave para tener buenos finales? ¡Pues querido amigo o amiga, la clave es tener buenas historias! ¿Pero cómo tengo buenas historias? Pues bien, daré un último gran consejo, pero debo desarrollarlo un poco. ¿Conocen a Claudio Von Planta? Pues yo tampoco, pero leí un pequeño artículo llamado “Desenlaces”, que está en el libro “Dentro del Reportaje Multimedia”, y me pareció muy interesante lo que dijo acerca de los finales, a continuación citaré textualmente el inicio del artículo: “Toda narración necesita una conclusión relacionada con el objetivo declarado al principio de la película. Cuanto más ambicioso sea el objetivo marcado, más atención captarás.” Es una gran afirmación la que hace, y nos lleva al consejo final.

Si quieres tener una buena historia, debes trazarte, proponerte, declararte un objetivo que atraviese todo el relato, debes tener algo qué contar, debes saber responder a la pregunta ¿qué quieres contar con esta historia? ¿Qué quieres narrar? ¿Cuál es el fin o el sentido de la historia? ¿Qué te propones con ella? No puede ser posible que tu respuesta sea “es que yo quiero contar algo así como un hombre que conoce a una chica y quedan profundamente enamorados, pero luego el perrito muere y ella cae en una profunda depresión, acabando con la relación de ambos”. Eso sería querer contar algo solo por contarlo, y aunque tenga su inicio, su nudo y su final, es una historia terrible, pues no tiene un objetivo marcado, no hay algo que guíe la historia, que le dé un sentido, un fin, no tiene un propósito claro, es solo un invento que se quiere contar porque sí. Pero si tu respuesta es “yo quiero contar esta historia porque quiero, a través de ella, relatar cómo una gran historia de amor puede ser destruida por una honda depresión a causa de cosas que no son tan importantes, haciendo una crítica a la sociedad actual, donde la depresión se volvió una moda, donde el amor se volvió algo muy efímero y poco valioso, donde se valora más la vida de un perro que la de un humano”. Esa es una respuesta más centrada, será una historia con propósito, con sentido, por tanto, seguramente será una buena historia, y si es una buena historia, tendrá un buen final. Así funciona esto.

A continuación, te muestro en una sencilla infografía el resumen de todo lo que hemos hablado.



Espero que hayas disfrutado y aprendido algo nuevo leyendo este artículo, puedes decirnos qué tal te pareció, cuál es tu opinión acerca del tema, si estás de acuerdo o no, tal vez alguna experiencia, etc. En la cajita de comentarios, en la parte de abajo.


Un saludo enorme a todos.

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