Ganadora de un premio Goya al mejor sonido en el año 1996, y además a la mejor película, Tesis se convierte en uno de los productos más fenomenales del buen director Alejandro Amenábar.
Desde el comienzo es una película interesante, y sonoramente, aún más. Empieza solo la voz del encargado del tren hablando sin efectos sonoros y con la pantalla en negro, cuando esta empieza a atenuarse, también, progresivamente se va incorporando una reverberación a la voz del hombre, además se le da el efecto de parlante de tren. Muy interesante.
Toda la película maneja un buen nivel de tensión, manteniendo atento al espectador, y es impresionante cómo esto se logra de dos formas, con una música adecuada y con un silencio prolongado. La música es adecuada porque no exterioriza de la película a quien la ve, se une bien con lo que se ve en pantalla y conjuntamente hacen una buena transmisión del mensaje, que en este caso es un mensaje de tensión, logrando que el receptor responda sintiéndola y adentrándose en la historia.
No se debe confundir esta tensión con el terror, pues no es una película de terror, es más bien de drama y suspenso. Ahora, los silencios. Logran una tensión muy profunda, unidos también a la imagen.
Los efectos sonoros se deben elogiar aquí, también la musicalización. Los primeros son muy importantes, un ejemplo de ello es cuando Ángela entra en la sala de cine donde se encontraba su profesor de tesis ya muerto después de ver la muy aterradora película, en esos momentos se escuchan solo los pasos de la mujer y el sonido que acompaña la imagen dañada proyectada en la sala, personalmente, pensé que en cualquier momento el profesor saltaría y me daría un buen susto... Nada, estaba muerto en verdad, tal parece que por un ataque de asma, pero lo que me hizo pensar lo anterior, fue el sonido y la imagen que estaba recibiendo en ese momento, pues creaban un entorno muy dramático y lleno de suspenso, que se hacía tensionante a cada paso que se oía de Ángela.
El sonido de la película que veían Chema y Ángela es desgarrador, los gritos, golpes, cuchillazos y disparos emitidos por el televisor son penetrantes. Este sonido se reproduce varias veces en el largometraje, pues Ángela lo graba y lo oye algunas veces. También el efecto de las voces en el teléfono es muy bueno, como cuando el profesor Castro está escuchando la conversación entre Chema y Ángela. Varios efectos sonoros están muy bien empleados a lo largo de la película.
Ahora, la musicalización no se queda atrás de ningún modo. Los violines y el piano están presentes en muchas ocasiones pero siempre cumpliendo la labor ya explicada, el tensionar, el poner en suspenso, en drama al espectador. Como en la escena citada anteriormente, allí están presentes los violines. El piano en la persecución inicial entre Bosco y Ángela, etc.
Hay una escena en especial que me gustó mucho, es de las primeras, cuando Chema y Ángela están cada uno escuchando música con audífonos, Ángela lo mira desde otra mesa y él se incorpora para ir hacia ella, él escucha rock pesado y ella música clásica, Alejandro Amenábar juega entre dos planos subjetivos, el de ella viendo cómo viene Chema y el de él aproximándose, cada que cambia de plano, cambia de música, con el rock, pareciera que la fuera a matar, con la clásica, se ve ridículo y gracioso, pues la situación no encaja con la música, pero esto se hace a propósito desde la dirección.
En general, el aspecto técnico del largometraje es impecable, muy buen manejo de planos visuales y sonoros, que unidos encajan perfectamente, logrando un producto efectivo para el receptor. Mis felicitaciones y admiración para Alejandro Amenábar que siempre sabe sorprender, más aún con su primera película, de la cual debo decir que es muy buena, los premios que ganó con ella no son en vano, muy por el contrario, son bastante merecidos.
Sebastián Arcila Reinosa.
II Semestre. Lenguaje Sonoro.
Comunicación Audiovisual y Multimedios.
Fundación Universitaria del Área Andina, seccional Pereira.
2013.